A este puerto usted no lo conoce. Es el Valparaíso de sus habitantes. El que las guías de viaje miran con recelo o que, sencillamente, no han descubierto. Es el “Pancho” más íntimo, el que sólo un porteño” de verdad podría revelar
Valparaíso tiene una historia larga desde 1536 nació antes que Santiago y pertenece a otra generación de descubridores. Por eso contrariamente a la capital, tiene una noción muy clara de su compromiso con el pasado.
Tuvo su época de oro en el siglo XIX , cuando la cuidad era escala obligada para el tránsito naviero entre los océanos Atlántico y Pacífico, motivo por el cual, durante este tiempo, se avecindaron en la ciudad importantes grupos de inmigrantes chilenos y extranjeros, principalmente europeos, que vieron en Valparaíso la posibilidad cierta de progreso y tranquilidad, condiciones que permitieron el desarrollo sostenido y armónico de la ciudad, la mayor parte de estos inmigrantes se asentaron en la cuidad como importantes comerciantes, que traían todas las novedades del nuevo mundo.
Con su activo comercio, Valparaíso fue "la puerta de Chile, siendo una ciudad que, además, se nutrió de las principales corrientes culturales de la época, cosmopolita por excelencia y vanguardia del desarrollo tecnológico. Se generó una incipiente clase media que concentró sus actividades en el comercio minorista, como pulperías, y en el área de servicios. En pocos años, Valparaíso se convirtió de una humilde caleta de pescadores en una pujante ciudad, llena de casas comerciales, bancos, importadoras, agencias de aduanas, hoteles, teatros e imponentes residencias que, por sí solas, reflejaban como se vivía en Valparaíso
Emporios, boticas, sombrererías, sederías, paqueterías abundaron cuando este siglo aun no cumplia los 20 años de edad. Inmigrantes italianos, alemanes, ingleses y algunos chilenos que emigraron a Valparaíso se adueñaron de la vida comercial del puerto. Hoy en día ciertas mamparas encierran intacta aquella época. La mayoría de los dueños de estos viejos almacenes han muerto, por lo que le suceden sus hijos o parientes que los mantienen para el gozo de sus antiguos compradores, que hacen sus pedidos por puro gusto de recordar. Y también de los turistas que encuentran en ellos un túnel directo hacia un tiempo que no vuelve. Hoy en día ciertas mamparas encierran intacta aquella época. La mayoría de los dueños de estos viejos almacenes han muerto, por lo que le suceden sus hijos o parientes que los mantienen para el gozo de sus antiguos compradores, que hacen sus pedidos por puro gusto de recordar. Y también de los turistas que encuentran en ellos un túnel directo hacia un tiempo que no vuelve.